Una mirada sobre la enfermedad en los niños


(A partir de un taller impartido por Ariel Guzik)

La enfermedad es parte de la vida, y aunque siempre inquieta, hay que aprender junto con los niños a no tener miedo a ella. Se puede decir que la enfermedad -aquí pensamos en las enfermedades comunes de los niños- es un proceso natural de crecimiento, adaptación y aprendizaje, son momentos para que el cuerpo descanse y se construya; a través de la enfermedad, el cuerpo de los niños adquiere información que les permite desarrollar y fortalecer su sistema inmunitario para el resto de su vida.

La nutrición juega un papel fundamental en la salud. De cada alimento ingerido, hay una parte asimilada, otra eliminada, y otra ni asimilada ni eliminada. Esta última va al intestino, al hígado, a los pulmones, a los ganglios, en forma de toxinas y catarro vehiculado por el sistema linfático.

Cuando el bebé toma leche materna, el proceso de asimilación es más rápido que con otro tipo de leche, pero igual el aparato digestivo y el sistema linfático (la digestión linfática es predominante en la etapa de lactancia) se va congestionando y en momentos importantes de transformación como el inicio de la dentición (a los 6–8 meses), llegan algunas crisis eruptivas y otras tradicionalmente llamadas empachos que significa que hay saturación catarral. El bebé pierde el apetito, tiene diarrea, moco, flema, fiebre, los pies fríos.

 

Una mirada sobre la enfermedad en los niños

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A los 3 años baja la producción de catarros, y la saturación de moco dependerá de la calidad de la alimentación. Si la linfa sigue cargada, se saturarán y se inflamarán las anginas, las adenoides y el apéndice. El tratamiento de choque con antibióticos, corticoides, entre otros, puede provocar un endurecimiento del tejido linfático y con el tiempo y la reincidencia del tratamiento llega a crear problemas crónicos y degenerativos. En este punto, muchas veces se realiza una operación quirúrgica para remover el órgano afectado. El niño empieza a sentirse mejor, pero es importante saber que el sistema de defensa está debilitado y habrá tendencias congestivas y sus consecuencias con el paso del tiempo.

Así que antes de llegar a estos gestos radicales, hay que entender bien el proceso de la enfermedad para poder acompañar y ayudar el cuerpo en su esfuerzo hacia la curación.

 El aire que respiramos está lleno de agentes patógenos. Después de llegar a los pulmones, pasan a través de los cilios al sistema digestivo y se evacuan con la eliminación fecal. Un estómago sano puede neutralizar infinidad de patógenos. Un niño se enferma, por lo general, cuando sus defensas están bajas y sus mecanismos de eliminación catarral están saturados o incompletos. La fase aguda de la enfermedad dura generalmente 2-3 días y se manifiesta por inflamación, dolor, fiebre y congestión. En ese punto nos encontramos ante dos caminos: 1) cortar la enfermedad con antipiréticos, antibióticos, antihistamínicos, analgésicos, etc.; 2) utilizar técnicas que permitan que la enfermedad culmine en una descarga catarral o eruptiva, que consiste en un proceso natural de tres o cuatro días de fiebres controladas y otros tres o cuatro de moco, sudor, urticarias, etc. Si se corta la enfermedad con antibióticos, el cuerpo no pudo resolver la crisis con sus propias defensas y después de una fase subaguda en que el niño parece estar mejor (no tiene fiebre, pero está pálido, no come bien, no tiene energía), vuelve a reincidir el cuadro hasta llegar a la larga a la fase crónica que puede ser asintomática o traducirse por enfermedades degenerativas. Pero un niño bien nutrido y con atención adecuada de sus crisis, tiene las defensas necesarias para pasar a través de las enfermedades. Su sistema inmune aprende y se fortalece con cada enfermedad, así que una gripe es una crisis para inmunizarse, y muchas veces también una crisis de crecimiento.

Todo esto de ninguna manera quiere decir que sea recomendable no hacer nada frente a la crisis, sino que hay que ayudar al proceso con métodos naturales y nutrición adecuada que apoyan el proceso en vez de cortarlo. No hacer nada corre el riesgo de que la enfermedad se complique y requiera un tratamiento agresivo.

Los antibióticos pueden ayudar en caso de infecciones muy graves (p.e. infección del oído medio, la garganta y el tracto urinario). Pero muchas veces, son recetados sin que sean necesarios o porque no se conocen otras alternativas. Los efectos secundarios de los tratamientos de supresión o choque son, entre otros: reacciones alérgicas y menor resistencia a la infección y a la enfermedad, ya que destruyen la diversidad de la flora de aparato digestivo y mucosas, debilitan el sistema inmune, los mecanismos metabólicos y de control de temperatura, elevan el riesgo de infecciones recurrentes, el síndrome postviral (o síndrome de fatiga crónica) y otros problemas crónicos.

Este enfoque de la enfermedad en los niños puede provocar reservas o temores, sobre todo cuando uno tiene a su hijo padeciendo una enfermedad. Para adentrarse en el tema y tener las mejores herramientas que te permitan tomar una decisión con plena confianza, te sugerimos adentrarte en el conocimiento de la herbolaria, la homeopatía, la medicina china y la medicina ayurvédica. Dentro de esos enfoques curativos existe una visión de la curación que no está basada en la eliminación de la enfermedad como única medida, sino más bien en el restablecimiento de las condiciones que generan el bienestar del cuerpo humano.